Sapa. Buy from me my friend

El viaje en tren desde Hanoi fue pesadísimo. Apenas si pude pegar ojo un par de horas por el constante traqueteo y ruido, aunque a mí habitualmente me cuesta dormir dentro de transportes en movimiento. Los demás también durmieron poco. Al menos pide aprovechar para ir escribiendo este blog.

A la llegada a Sapa entra alguien al tren a ofrecernos transporte. Negociamos por 25.000 dongs. Más tarde descubriríamos que la tarifa estándar son 30.000. En el parking hay un enjambre de furgonetas peleando por llevarse a los pasajeros. A nuestro conductor hay otros que le echan la bronca por bajar el precio. Vemos a varios clientes a los que les hacen cambiar de un vehículo a otro, sin saber muy bien por que. Quizá es para ir con las furgonetas llenas. También hay autobuses de línea que van hacia Sapa pero no averigüé el precio.

Se tarda aproximadamente una hora en recorrer los 30 km que hay hasta Sapa. Toda la ruta es cuesta arriba. Un interminable puerto con pendientes de más del 10% que no desentonaría en el Tour de Francia. Por el camino empezamos a ver las montañas cubiertas de terrazas de arroz.

Welcome my friend

Sapa parece el típico pueblo que ha crecido demasiado rápida y desordenadamente a cuenta del turismo. Según nos bajamos del autobús se nos presentan unas simpáticas señoras de una de las etnias locales vestidas con el traje típico saludándonos con un “Welcome my friend”. Según nos cuentan quieren acompañarnos a su pueblo para que lo conozcamos y evidentemente para vendernos algo. Lo que no sabíamos es que las tendríamos a nuestro lado constantemente. Y cuando digo constantemente quiero decir constantemente.

Hotel con vistas

hotel_redFuimos a echar un vistazo al hotel Mountain View. Y hasta allí nos siguieron las señoras. Las habitaciones están muy bien y al menos las que nos tocaron hacían honor al nombre del hotel con unas magníficas vistas a todo el valle. El baño era más viejo y sin ducha separada, o sea que al ducharte mojabas el retrete y lavabo. Posteriormente sufrimos un trato bastante malo por parte del personal, que parecía más preocupado por cobrar que por atenderte. Dado que hay otros hoteles con vistas en Sapa, yo no recomendaría este. Precio 25 dólares.

Tras dejar las maletas fuimos a un bar cercano a desayunar. Tenían un menú de desayuno por 40.000 dongs por el que podías pedir por ejemplo un café y una tortilla francesa o unos huevos fritos. Me siguen sorprendiendo por lo barato los precios de este país aunque tener la moneda en decenas de miles no ayude a dar la impresión de barato.

Ah, hasta allí también nos siguieron nuestras “friends”.

De excursión

En el hotel nos informaron de unas excursiones que podíamos hacer. Más tarde vimos que sólo nos ofrecieron las visitas más típicas para turistas y no nos mencionaron otros lugares interesantes de la zona. También les preguntamos a nuestras “friends”, que por supuesto nos habían vuelto a seguir. Al final nos convenció mas la propuesta del hotel ($12) ya que le pedimos que el guía nos llevase por un camino menos transitado por entre las montañas. Algo más trekking y menos “turistón”. Las señoras nos insistieron en que cuando pasásemos por su pueblo les comprásemos a ellas en su casa, cosa que les prometimos ya que era la visita que teníamos prevista para el día siguiente.

Cultivando arroz

Así fue. Tras un breve transporte en coche empezamos a caminar a las 11 de la mañana por las laderas de Sapa con Koo, una guía local de 17 años que estaba estudiando y que sabía inglés. Pronto nos adentramos por unos espectaculares paisajes de terrazas de arroz. Pero aproximadamente a la media hora de caminata atravesamos un pequeño poblado y allí, en medio de las terrazas, estaban ellas: nuestras “friends”.

Así que el resto de la excursión la hicimos con otras 8 personas ya que no nos abandonaron en ningún momento. Hay que decir que fueron en todo momento simpáticas y agradables aunque cuando uno piensa en una excursión por la montaña lo primero que piensa es en paz y tranquilidad. Este no parecía que iba a ser el día para ello.

Arrozales de Sapa

Paramos a comer en la casa de un lugareño pero preparada para los turistas con un par de mesas y bebidas. La comida fue muy simple y las bebidas tuvimos que pagarlas aparte. Un feo detalle el que no nos avisasen de ello al contratar la excursión.

Por supuesto allí estaban nuestras “friends” pero empezaron a intentar tácticas para sacarnos el dinero: que si págame la comida, poniéndote cosas encima, que si cómprame algo ahora mismo que tengo que volver a casa, etc. Nos negamos en rotundo ya que les habíamos dicho que al día siguiente iríamos a su pueblo. Algunas se rindieron pero otras intentaron aun continuar con nosotros. Con la amenaza de no comprador nada si persistían en su actitud, logramos que finalmente se fueran. De hecho algunas aprovecharon que pasaba una pareja de chicas alemanas para ir a darles la brasa. Pobres.

Finalizamos la excursión con una visita a unas cuevas que no aportó nada interesante y al poco nos vinieron a recoger en coche. Eran aproximadamente las 3 de la tarde y habríamos recorrido unos 10 km por unos preciosos paisajes.

Una vuelta por Sapa

En la calle principal hay varias tiendas de ropa para trekking así como un mercadillo típico. Los precios del material de trekking son realmente baratos. Por ejemplo hay mochilas desde 6€ o chaquetas técnicas de North Face por unos 30 (aquí cuestan más de 200€). Más al centro hay un pequeño lago rodeado por elegantes casas (en comparación con las otras) que parecen de los gerifaltes del partido.

No hay nada más que ver en Sapa, aunque por la noche había una especie de Operación Triunfo con una música un tanto parsimoniosa que nos aburrió rápidamente.

El Hot Pot

restaurante_redEntramos en un restaurante con pinta cutre atraídos por un cochinillo vietnamita que estaba dando vueltas en una barbacoa. Al entrar nos miraron un poco raro ya que no deben recibir a muchos turistas. Este sitio estaba entre la plaza central y el lago, hacia la derecha con un cartel blanco, dos plantas y lleno de gente del pueblo.

Al subir vimos que en todas las mesas había una familia comiendo de una olla gigante sobre un hornillo y platos con distintos ingredientes crudos. A esto lo llaman Lau (olla caliente, hot pot en inglés) y es una especie de potaje pero que se lo hacen los comensales en la propia mesa echando los ingredientes a cocer cada uno a su ritmo. Los ingredientes eran de lo más variado: había desde verduras, hasta carne o marisco pasando por algún tipo indefinido de casquería. Para beber tenían un licor blanco con el que no paraban de brindar.

Por nuestra parte pedimos el cerdo que por supuesto no estaba tan bueno como los de Segovia o Arévalo aunque tenía un crujiente muy rico por fuera. El cerdo vietnamita es mucho más pequeño que el que vemos en España, así que aunque por el tamaño parecía un cochinillo este ejemplar sería ya un cerdo adulto y por lo tanto con la carne más dura. También pedimos una ternera con cebolla que hicieron al estilo wok.

Comimos bastante bien en este sitio, viendo las costumbres de la gente local y encima superbarato, unos 50.000 dong por cabeza. Lo más simpático fue ya acabando la comida cuando la bebida fue haciendo efecto entre los vietnamitas y alguno se acercó a nuestra mesa a invitarnos a compartir un chupito de su licor con ellos entre sonoras risas e ininteligibles brindis. Seguro que les pareció muy extraño ver a unos extranjeros en ese bar.

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