Bahía de Halong. Un toque de paraíso

Desembarco

A bordo del barco se duerme tranquilamente ya que los miles de islotes hacen que las aguas de la bahía sean sumamente calmadas. Eso siempre que el resto de pasajeros no decidan hacer una fiesta nocturna a bordo aunque no fue el caso. Tras un correcto desayuno desembarcamos inmediatamente en un extremo solitario de la isla de Cat Ba.

Los tours están pensados para aprovechar la capacidad del barco a tope, ya que nuestro barco recogió a los que se habían quedado en Cat Ba el día anterior para llevarlos al puerto de Halong Bay a las 12:00 y allí recoger una nueva remesa de pasajeros para pasar la noche a bordo. Ni un solo viaje desaprovechado.

En la isla nos montaron en un bus todos muy apretados y nos dieron a elegir entre dos actividades: un trekking de unas 2 horas hasta el pico de la isla y un paseo en bici seguido de una visita a una cueva. Dado que había bastante niebla y las vistas no serían muy buenas me decidí por la bici. Nuestros amigos hicieron el trekking y si bien les pareció algo difícil por el terreno resbaloso, les gustaron las vistas desde arriba.

El paseo en bici fue de unos 4 km. bajo un intenso sol. Paramos en un bar enfrente de la entrada de las cuevas y casi todos compramos desesperadamente algo para refrescarnos. Las cuevas (20.000 dong) habían sido utilizadas durante la guerra como hospital y todavía conservaban parte de esta estructura. Por mi parte preferí recorrer algo mas de distancia con la bici así que no entré en la cueva y no sé si merece la pena. La actividad del paseo en bici finalmente no me pareció ni fú ni fa, simplemente una forma de rellenar el tiempo.

Nuevamente en el autobús partimos hacia el embarcadero del puerto de Cat Ba donde una pequeña motora nos llevaría en apenas 15 minutos a la isla de Monkey Island. El nombre se debe a los monos que pueblan la isla, ya que es uno de los pocos islotes que están poblados por esta especie.

Cerca del paraíso

Según íbamos acercándonos al islote de Monkey Island fuimos descubriendo una atractiva playa de arena, un edificio central con techos de palma y unos pequeños bungalows hechos en bambú y palma que asomaban discretamente entre las palmeras. Vamos, un paisaje de película de la Polinesia.

La pena es que estaban de obras en el resort así que tuvimos que soportar alguna pequeña incomodidad sobre todo en forma de ruido.

A la llegada lo primero que hicimos fue darnos un pequeño baño en las cálidas aguas del islote que sin embargo sirvieron para que refrescásemos algo del tremendo calor húmedo que arrastrábamos encima. Inmediatamente nos sirvieron la comida, bastante correcta pero sin ningún sabor nuevo. Hay que decir que tanto aquí como en el barco las bebidas las cobraban aparte aunque no eran excesivamente caras. Entre 10 y 15.000 dongs por un refresco o agua y unos 20.000 por una cerveza.

Por la tarde hubo tiempo para el relax en la playa y para dar una vuelta por los islotes cercanos en uno de los kayak disponibles en el resort. Es increíble verse remando en medio de una miríada de islotes. Le hace sentirse a uno pequeño y frágil a la vez que disfrutas de la variedad de formas que cada islote dibuja sobre el horizonte.

Bahía de Halong

A media tarde hicimos una pequeña excursión a través de la isla en busca de los monos. Llegamos a otra playa enorme llena de vietnamitas que iban allí a pasar el día y que lo dejaban todo lleno de basura.

La basura y suciedad es una constante en la bahía de Halong. Por cualquier parte que pasen barcos no es difícil ver latas y desperdicios en el mar. Los islotes y playas accesibles a la gente están repletos de porquería arrojada en cualquier parte. Una verdadera pena.

Monos de Monkey Island

Cuando pensábamos que solo veríamos porquería, al regreso de la excursión vimos un grupo de monos muy simpáticos que se dejaban alimentar con unas bananas que había llevado el guía. Al parecer quedan solo unos 60 ejemplares en la isla.

Un poco más tarde dsfrutamos de otra de las actividades programadas en el tour: nos sirvieron unos cócteles en el mar… a bordo de un kayak. No es que fuera muy glamouroso pero era divertido.

En la cena añadieron algo de marisco, consistente en unas pocas andaricas (cangrejos pequeños). Fue muy curioso ver la cara de extrañeza de muchos de los turistas extranjeros cuando les daban las pinzas para partir el marisco.

No hubo tiempo para mucho más. Los bungalows eran pequeñas construcciones en bambú elevadas sobre el suelo y con techo de palma. El baño era el típico sin zona separada para la ducha. Durante la noche hubo una tormenta muy fuerte con mucha lluvia, rayos y truenos que duró unos 30 minutos. Parecía que la pequeña casita de bambú se iba a venir abajo en cualquier momento. Sin embargo el techo de palma resistió perfectamente sin una sola gotera.

Sin duda un día idílico en la maravillosa bahía de Halong.

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